Romance del Sendero Esquivo | Nahuél Ceró
Golondrinas desoladas se confundieron de rumbo al verte pasar cantando aquella vez en el llano. Parcos limoneros daban de beber a los recuerdos que del polvo consternado recuperaban sus voces. Un sol de crestas azules me saludó esa mañana cuando en tus labios lloraba la primavera. Te vi convidada de ti misma redactando con tus ojos soledad a cielo abierto. Me sorprendieron tus labios conversando con tus labios, me sorprendieron tus manos en su ademán vespertino. El silencio deshacía edades en tu sonrisa cuando me contaste aquello que descubriste en un sueño. Ay, Mariana, cuanta luz atajan en el recuerdo! o o o Un gallo cantó a lo lejos arrogancias por señuelo. Un libro de antigua data regurgitaba en tus manos versos que me confesaste en un susurro piadoso. Celajes de adioses mansos destejieron las miradas para que nadie desdiga la soledad de aquel día. La vida te adolecía con sus verdades en una constelación de recaudos que te vistier...